El PP recorta distancias y se sitúa a 3 puntos del PSOE en un escenario de incertidumbre económica y electoral.
Esta mañana los socialistas españoles nos hemos levantado con un mal dato. El
Pulsómetro de la Cadena SER dice que el PSOE tan sólo aventaja a la derecha en tres puntos, lo cual supone que en apenas unas semanas el PP ha recortado más de la mitad de la distancia que les separaba del partido del Gobierno.
Además, aunque sigue habiendo una mayoría (un 53 %) que no cree necesario un cambio político en España, esta opción ha bajado 6 puntos respecto a la encuesta anterior. A pesar de todo, también hay datos positivos, como lo es que Zapatero sigue siendo el político mejor valorado y el único que alcanza el aprobado (5,2), además de ser percibido como el potencial ganador de los comicios por una inmensa mayoría de encuestados (58 %) y contar con un amplio respaldo para repetir mandato (57 %).
Una vez dicho esto cabe preguntarse: ¿cómo es posible que se haya invertido la tendencia al alza del PSOE en las encuestas electorales? No quiero entrar aquí en un análisis de fondo sobre tendencias electorales, pero sí quiero comentar la influencia que han podido tener en este resultado las dos únicas novedades políticas que han ocurrido en el último mes, que son el aumento de la beligerancia de la Iglesia respecto a la política del Gobierno y los malos datos económicos.
Respecto a la primera no parece que la intolerable actitud de algunos obispos haya pasado factura al PSOE. Más bien lo contrario: el mismo Pulsómetro dice que una gran mayoría de españoles reprueba este comportamiento y es partidario de revisar los acuerdos con la Santa Sede.
Por lo tanto la explicación parece estar en la incertidumbre económica provocada por los malos datos de inflación y creación de empleo que se han conocido en los últimos días. En primer lugar es necesario reconocer el carácter negativo de las cifras. Pero a partir de ahí, como en cualquier análisis de conjunto, como deben serlo todos los de tipo económico es imprescindible preguntarse si la situación es tan mala como la pintan los acólitos de Rajoy.
En primer lugar es curioso que el mismo partido que presumía de buena gestión cuando crecíamos al 2 % y se creaban 2 millones de puestos de trabajo anuncie una debacle económica cuando nuestro ritmo de crecimiento es de casi el doble (3, 7 %) y se han creado más de 3 millones de puestos de trabajo, batiendo además un récord en contratación fija. Por eso, he aquí la paradoja: el partido que congeló el salario mínimo, que batió un récord negativo en presión fiscal, que hizo subir el precio de la vivienda hasta límites insospechados y que ahora lanza unas promesas entre lo increíble y lo irrealizable guiados más por afanes electorales que por un análisis racional de la situación de la economía española se dedica a dar lecciones al primer Gobierno que ha logrado superávit en las cuentas públicas, ha logrado un incremento espectacular de la contratación fija, ha reducido el desempleo en todos los tramos de edad (en especial el desempleo juvenil), ha conseguido estabilizar el precio de la vivienda y ha aumentado tanto las becas como las pensiones.
Y a pesar de todo parece que el PP ha logrado su objetivo principal: sembrar la incertidumbre sobre la capacidad de gestión del Gobierno y abrir un flanco fuerte de oposición a pocos meses de las elecciones. Esto nos da una idea del tipo de mensajes que van a lanzar en las próximas semanas: van a acusar a Zapatero de improvisación y mala gestión oponiendo una imagen de seriedad y de firmeza, obligando al PSOE a ponerse a la defensiva y limitando su capacidad de crecimiento.
Frente a esto no bastan los datos reales, que ya sabemos que son positivos, sino, como hace con gran habilidad la derecha, ligar nuestra gestión y nuestras propuestas a valores políticos con contenido emotivo. No vale con decir que hemos creado empleo y hemos aumentado las prestaciones, sino que es necesario presentar esos datos como un ejemplo de sensibilidad y eficacia y todo ello con un lenguaje sencillo y un discurso identificable.
Un diputado socialista se quejaba hace poco de que el Gobierno ha realizado muy buenas políticas, pero no ha sabido gestionar la política, entendida como la creación de un mensaje unitario y un relato sencillo y coherente de las acciones realizadas y los valores que las han inspirado.
Por lo tanto, este Pulsómetro debe ser el aviso definitivo para ponernos a trabajar en ese sentido.